Mitos y realidades comunes sobre los sismos

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Los movimientos telúricos o sismos son relativamente frecuentes en diversas zonas alrededor del mundo, mientras que en muchos otros lugares las personas tienen suerte si experimentan media docena de temblores en toda su vida. Lo cierto es que se tratan de movimientos naturales de la tierra, la cual siempre está en movimiento, una clara señal de que nuestro planeta está vivo.

En torno a los sismos, al ser un fenómeno natural potencialmente peligroso, se genera mucha especulación, lo que lleva a la invención de mitos y mala información. Es por eso que hoy vamos a exponer varios de los mitos más populares sobre los sismos y los vamos a comparar con la realidad.

¿Por qué ocurren los sismos?

Como dijimos anteriormente, los sismos son movimientos naturales de la tierra, y ocurren con más frecuencia y fuerza donde hay contacto entre dos placas tectónicas, las cuales siempre están en movimiento y chocan entre sí. No obstante, estos temblores no se deben al choque entre ellas, sino a la acumulación de energía que se forman cuando al estar juntas comienzan a apretarse entre sí.

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Cuando toda esa energía se libera, da paso a una onda que viaja a gran velocidad por el suelo haciendo que todo se mueva a su paso. Esto precisamente fue lo que ocurrió en México el pasado 19 de septiembre, ya que cerca de su costa oeste se encuentran cinco placas que no paran de moverse. 

Aunque los movimientos telúricos son un peligro potencial, es importante conocer la realidad sobre ellos y dejar atrás los mitos o creencias populares producto de la desinformación y el miedo.

Los cambios climáticos aumentan la posibilidad de un temblor

Existe la creencia popular de que en ciertas condiciones climáticas los temblores tienen más posibilidades de manifestarse, pero esto es totalmente falso, ya que no hay ninguna evidencia científica que demuestre una relación real entre el clima, las lluvias, los cambios bruscos de temperatura o los cambios de estación y los movimientos sísmicos.

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Los sismos tienen su único origen en el movimiento de las placas tectónicas, que como ya hemos mencionado, se mueven constantemente e interactúan entre sí. Son estos movimientos los que han dado la forma actual a nuestro planeta y la posición de los continentes en los últimos miles de años.

Mientras más grande la magnitud del sismo habrá más destrozos

Cuando un terremoto de gran magnitud se manifiesta, automáticamente la gente asocia este hecho con grandes destrozos, mientras que otros de menor magnitud tienden a sentirse más seguros y con menos posibilidades de causar grandes daños, lo que es totalmente incorrecto.

Realmente son otros los factores que determinan qué tan poderoso o potencialmente peligroso es un sismo y ninguno de ellos es su magnitud. El tiempo que dura el temblor es un factor determinante, pues al prolongarse el movimiento de la tierra, aumenta la posibilidad de causar más daños. Otro factor es el lugar en sí mismo donde tiene lugar el fenómeno, ya que mientras más poblado y urbanizado se encuentre, hay más elementos que pueden verse afectados y que comiencen a ocurrir derrumbes, caídas de edificios, levantamiento de calles y muchas otras cosas más, a diferencia de si ocurre en campo abierto donde no hay casi nada edificado. No obstante, esto también dependerá mucho de la calidad de las edificaciones y qué tan preparada está la ciudad ante los movimientos sísmicos.

También, la posibilidad de que exista un mayor riesgo radica en la distancia que hay entre el epicentro y el hipocentro, ya que este último es donde se libera la energía, y suele ocurrir a grandes profundidades, mientras que el epicentro es el punto en la superficie que se encuentra paralelo a este.

Lo más peligroso en un terremoto son los derrumbes

Sabemos que los sismos son peligrosos, y muchas veces se cree que el peor daño que pueden causar los terremotos son los derrumbes, aunque esto no es del todo cierto. Es verdad que los desplazamientos de tierra son una terrible consecuencia que pueden causar grandes daños, pero si vamos a la realidad, son los objetos que no están asegurados dentro de la vivienda los que pueden causar un mayor daño.

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Son más las personas que acuden a urgencias después de un terremoto por hacerse daño con objetos de la casa que por derrumbes, así que ya sabemos el verdadero peligro potencial de los sismos.

Ahora bien, para que evites ser parte de la estadística, procura que los objetos de tu hogar estén asegurados, especialmente aquellos que cuelgan como las lámparas de techo, electrodomésticos en bases aéreas, entre otros. 

Cosas que debes saber sobre los Sismos
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No hay nada que hacer en un terremoto

Es bastante cierto que ante un terremoto es muy poco lo que podemos hacer para que este no ocurra, pues hasta los momentos no solo son inevitables sino que también impredecibles. Sin embargo, esto no significa que no podamos hacer algo para evitar vernos perjudicados por este fenómeno natural.

Como ya mencionamos antes, lo mejor es tomar previsiones, especialmente si se habita en una zona con alta frecuencia de temblores. Asegura todos los objetos del hogar para que no sean potenciales proyectiles durante un movimiento telúrico.

Ensaya con tu familia un simulacro de escape en caso de terremoto, prepara un bolso de emergencia con objetos esenciales de supervivencia y duerme siempre con ropa.

En un terremoto, lo mejor es pararse en el marco de una puerta o salir del edificio

Nos han enseñado toda la vida que los marcos de las puertas son el lugar ideal para protegerse en el momento de un fuerte temblor, y en parte es verdad. Sin embargo, es importante actualizar las medidas de seguridad, puesto que hay otras que resultan mucho más efectivas al momento de un sismo.

Lo primero que debemos hacer es evitar salir, especialmente si habitas un edificio, ya que bajar por las escaleras durante la sacudida podría generar un accidente y utilizar el ascensor es un riesgo aún mayor.

Lo que tienes que hacer es protegerte, bajo una mesa o junto a una pared interior que se encuentre lejos de ventanas y objetos pesados como lámparas, televisores, bibliotecas u otros muebles.